Wireless Disconnection

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by Cesar Aguirre,

A few weeks ago I was blessed with the opportunity to take my girls out to a pizza place for dinner. After playing arcade games with Alissa and Jasmine we sat down together to enjoy our pizza and salad. As we ate we talked about our day, they both told me about what they had done in school. I told them about my day in the soup kitchen. After eating I cut them loose to play a little more while I got a box for our leftovers. Once I had done that I sat for a moment and absorbed the atmosphere.

I noticed many families there, together, but were they really together? A couple to my left was sitting across from each other as their children played. They were talking to each other, but both were looking at their phones, no eye contact. Across the room there was a young mother looking intently at her wireless device and fiercely thumbing at it while her toddler did his best to get her attention, tugging on her clothes and repeating “momma”. To my right was a group of teens who were sitting around a table conversing. They all had their cell phones out. Every minute or so one would get a text or would interrupt the conversation with ‘look what so and so posted on Facebook.’ I was not close enough to hear what they were talking about but could tell that the conversation never really had any substance or meaning behind it. At the table next to ours was a woman with her hand out, palm open, towards her daughter telling her to wait until she was done sending this message, while her daughter tried to let her mother know that she was done eating and wanted to go play. The school aged child got tired of waiting and decided to just go off and play on her own. Her mother hardly noticed. She even seemed somewhat relieved that she could continue her conversation through the device without interruptions.

In a very interesting episode of Moyers and Company, Sherry Turkle speaks about the human separation caused by the misuse and overuse of technology (http://billmoyers.com/segment/sherry-turkle-on-being-alone-together/). She says that because of mobile wireless devices we no longer are capable of solitude without feeling lonely and that “If you don’t teach your child to be alone they’ll only know how to be lonely.” After a while we begin to crave the desire to not be lonely so much that we disconnect from those around us in order to be connected with those through the device. For this reason, along with many others, I work really hard as a parent to limit the use of wireless devices and computers in our home. They are used mainly for research and as educational tools.

As the demand for wireless technology rises I worry about the effect it will have on our future generation’s ability to interact with others on a truly human level. If we can no longer look each other in the eye to communicate, how can we relate to one another, how can we know empathy, and how can we feel compassion? Even more important, how can we see Jesus in the face of our fellow man? Technology can be very useful to connect people, and issues, from one side of the globe to the other, but while we make these connections are we “disconnecting” those relationships that should matter most? The relationships with the friends and family that are in the here and now, and in the flesh.

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por Cesar Aguirre,

Hace unas semanas fui bendecido con la oportunidad de llevar a mis hijas a comer pizza para la cena. Después de jugar en los juegos con Alissa y Jasmine nos sentamos juntos a disfrutar de nuestra pizza y ensalada. Mientras comíamos, conversamos sobre nuestro día, ambas me contaron sobre lo que hicieron en la escuela. Yo les platique sobre mi día en Casa María. Después de comer las deje que fueran a jugar un rato más mientras que yo conseguía una caja para llevar lo que quedo de comida. Luego me senté un momento a contemple el medioambiente del lugar.

Habían muchas familias juntas, ¿pero en realidad estaban juntas? Una pareja sentada a mi izquierda estaba uno al frente del otro, mientras que sus hijos jugaban. Hablaban entre ellos, pero ambos estaban viendo sus teléfonos, no había contacto visual.

Al otro lado del lugar había una madre de familia joven que observaba intensamente su aparato inalámbrico, lo usaba vigorosamente, mientras que su hijo hacia su mejor esfuerzo para llamar su atención. Jalaba de la ropa de su madre mientras la llamaba “mami.”

Hacia mi derecha había un grupo de adolescentes que estaban platicando en una mesa. Todos tenían sus teléfonos afuera. Cada minuto más o menos, uno de ellos recibía un mensaje o interrumpía la conversación diciendo ‘miren lo que tal y tal persona puso en  el Facebook.’  No estaba lo suficientemente cerca para escuchar lo que decían, pero podía darme cuenta que la conversación no tenía ninguna substancia o profundidad.

En la mesa junto a la nuestra había una mujer con su mano estirada, la palma de la mano abierta, hacia su hija diciéndole que se espere hasta que terminara de mandar un mensaje, mientras que su hija trataba de decirle a su mamá que ya había terminado de comer y quería ir a jugar. La niña de edad escolar se canso de esperar y decidió irse a jugar sola. Su mamá ni cuenta se dio. Pareciera estar aliviada de que podía continuar su conversación a través de su aparato sin interrupciones.

En un episodio muy interesante de Moyers y Compañía, Sherry Turkle habla sobre la separación humana causada por el mal uso y el sobre uso de la tecnología (http://billmoyers.com/segment/sherry-turkle-on-being-alone-together/). Ella dice que debido a los aparatos inalámbricos móviles, ya no somos capaces de estar solos sin sentir soledad y que si tú “no le enseñas a tus hijos a estar solos solo sabrán estar en soledad.” Después de un tiempo empezamos a sentir el deseo de no estar solos, tanto así que nos desconectamos de aquellos que están alrededor de nosotros para conectarnos con aquellos a través de los aparatos.

Por este motivo, y muchos más, yo trabajo muy duro como padre para limitar el uso de aparatos inalámbricos y computadoras en mi casa. Se utilizan más que todo para hacer investigaciones y como herramienta educacional.

Mientras que la demanda por la tecnología inalámbrica incrementa, yo me preocupo por los efectos que tendrá en nuestras futuras generaciones, y en su habilidad de interactuar con otras personas a un nivel verdaderamente humano. ¿Si no podemos vernos a los ojos para comunicarnos, cómo podemos relacionarnos unos a otros, cómo podremos sentir empatía, y compasión? Aun más importante, ¿cómo podremos ver a Jesús en el rostro de otras personas?

La tecnología puede ser muy útil para conectar a las personas, y hablar sobre problemas, de un lado del mundo a otro, pero mientras hacemos estas conexiones, ¿estamos “desconectando” esas relaciones que deberían ser las más importantes? Las relaciones con los amigos y familiares que están aquí presentes, de carne y hueso.

16 comments

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